El Jardín

 

Me han regalado un libro que jamás se cierra de noche.

 

Debe ser leído con susurros

uno en la frente

otro en los labios.

 

Mi mamá lo sembró en el jardín

dejó crecer un árbol de ciruelas

que comemos los domingos

con agua y polvo negro.

 

Voy a dejar que el jardín arda

voy a dejar que el jardín llegue

y se encuentre con su ausencia.

 

Dejaré que siembres miedos,

como espantapájaros en las llamas.

 

Para cosechar las lágrimas

y ahogar flores en ese estanque.

 

Porque quiero dejar de ser el árbol, caer

y que todo se olvide.

 

Porque ya no puedo permanecer sentado

ante el jardín

ni estar en él

ni este estar contigo.

 


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