Esta es la carta que había tardado tanto en enviarte.

Te adjunto los textos que te había prometido.

***

 

Carta del Sábado 11 de agosto de 2001

 

"El recuerdo, ¿es algo que se tiene o que se ha perdido?"

 

    Hoy me acordé de los poemas que tenía que enviarte y los he encontrado sin mucho problema. Mientras los transcribía me di cuenta que, definitivamente, nuestros recuerdos se conservan siempre en la memoria con un brillo enceguecedor, ya sea por bellos y placenteros o por lo traumáticos y horribles que pudieron llegar a ser... Así que, cuando le hablé a Dolores de los poemas, los recordaba como una tarde en una fuente de soda en Centro Plaza, sentado a una mesa con buenos amigos, sendas tazas de café y una cálida, animada y creativa conversación... Ahora que he re-descubierto estos manuscritos pienso que no tienen mucho valor, hablando de literatura.

 

    Aún así te los envío, hay unas cuentas líneas muy hermosas, sobre todo de manos de Jorge y José Antonio... Humberto y yo, parecíamos sumergidos en un mundo demasiado fantasioso y sin mucha coherencia con ese cinismo mórbido tan propio de los Suyama... Años más tarde, me contentó ver como Humberto había indagado en ese mundo fantasioso suyo (mientras que yo lo había abandonado... o más bien, olvidado), lleno de conjuros mágicos y ceremonias, pactos en noches de luna llena, hermosas mujeres de tez blanquísima, con apariencia casi infantil, que son sacrificadas en un altar... demonios y dioses antiguos... y lo había explotado hasta el fin: en música, literatura... y en su propia vida. Siempre admiré esa fortaleza creativa suya...

 

    Después de pensarlo, me doy cuenta de que en realidad ese mundo de fantasía mágica y horror sobrenatural, nunca me fue totalmente intrínseco: formaba parte de mí cada vez que leía a Lovecraft, Sadoul, Poe (sobre todo Poe), Machen, Maturin, Becquer... Pero yo no me pensaba a mí mismo como personaje de estas aventuras... y siempre que intentaba desarrollar una historia de este tipo, terminaba aburriéndome de no poder hilar las dos o tres ideas que tenía en la cabeza en una historia ingeniosa... es como cuando se quiere dibujar algo idéntico a su modelo, pero que nuestra falta de práctica o mala mano,  nos impide plasmarlo tal cual es y el resultado, es un conjunto de detallitos muy bien pintados, pero sin proporción entre sí o idea de su totalidad.

 

    Hasta hace relativamente poco caí en cuenta de que yo siempre he pensado por imágenes: a veces me atraviesa la mente una escena cualquiera... he inmediatamente comienzo a fabricar más escenas y así hasta que formo una idea de una situación compleja, con múltiples momentos... y esto, en mi cabeza, cobra una coherencia y una uniformidad casi perfecta a mis ojos... cuando empiezo a escribirla, las escenas brotan en desorden y el conjunto pierde su uniformidad. Todo aquello que había imaginado, pierde entonces su valor. De esto si me di cuenta hace varios años: aunque aún no tenía la conciencia de la naturaleza de la imagen para mi, si sabía que no podía crear nada linealmente o siguiendo un patrón... Así que me inventé mi propia forma de escribir, tan desordenada y sin sentido, que se limita únicamente a exponer, sin una trama, todas las imágenes que se me habían ocurrido.

 

Y esto es solamente una parte del proceso... mi otra mitad son los recuerdos o mas bien, mi capacidad de recordar, así como la forma en que mutan mis recuerdos y como los "exteriorizo".

 

No sé por qué te estoy diciendo todo esto.

 

    Bueno... supongo que lo que siento ahora es algo de nostalgia. No estoy triste... y más aún, es nostalgia por lo que "alguna vez fue", en el fondo, por todo lo que generó el ambiente de Parque Cristal. Cuando pienso en esto, me da risa imaginarme a los ejecutivos de Telcel quejándose de la cuerda de mamarrachos que estaba todas las tardes a la entrada de sus oficinas. Y más risa me da, pensar que ahora todos nosotros estamos en el mismo lugar que estos ejecutivos...

 

    Desde hace algún tiempo he estado regresando a Parque Cristal; ahora nunca hay nadie, si acaso, algunos chicos que montan patineta allí... pero es muy distinto; sólo están poco tiempo mientras saltan y saltan y vuelven a saltar, siempre cayéndose y pegándose, y luego se marchan, imagino que a Altamira o alguna otra plaza aledaña. Ninguno lleva una guitarra, nadie se para sobre un muro a leer nada, creo que ni siquiera fuman marihuana... y sólo hay 2 chicas.

 

    Cuando me siento a mirarlos, trato de imaginarme que sucedía en cada uno de esos escalones hace 6 o 7 años. El primer recuerdo que me viene a la cabeza es una noche en que llegué, y en ese muro inmenso que está sobre las escaleras y que mira a Troppy Burger (ahora Wendy´s) me encontré con Cesco, el Chino, y otros más, que estaban jugando Rol. El chino era el master, y parecía que lo que jugaban era un módulo de su invención. Estaban en medio de una batalla y le tocaba el turno a Cesco que decía: "Bueno, saco la mochila mágica y la abro". El chino lo mira, tira unos dados para sí y le dice "Bueno, el conjuro no te ha salido del todo bien. Apenas abres la mochila, sale un vagón del metro." Y Francesco gesticulaba que salía un tren de su mochila imaginaria...

 

    En otro de mis recuerdos (que es tan claro como el anterior), son como las 4 de la tarde. Había poca gente, como 5 o 6, de los cuales, 3 me eran desconocidos, dos chicas y un chico; de pronto, el chico, que es blanquísimo y con el cabello castaño o rubio, igual o más delgado que yo, - que estaba sentado en el mismo muro inmenso que da a Wendy´s-  me dice que mis pantalones están bien de pinga (esos bota campana que te presté una vez... Coño, verdad que eran arrechísimos...). Así que nos ponemos a hablar, creo que de Black Sabbath, cuando cantaba Ozzy, luego pasamos a la literatura y coincidimos con Lovecraft, que para aquella época era muchísimo más desconocido que ahora, inevitablemente pasamos al Necronomicón, de allí a la magia, de la magia a los celtas, de los celtas al heavy metal y así... Desde ese momento nos hicimos inseparables... creo que está de más decir quien era ese chico.

 

    En otra ocasión, estaba lloviendo a cántaros. Estábamos tu y yo, corriendo como unos dementes por toda la calle, empapados a más no poder. También recuerdo que estábamos vestidos igualitos (parecíamos hermanos), con jeanes y camisetas blancas. Corrimos hasta la parte de abajo del Parque Cristal, la que da a la Francisco de Miranda y tu me preguntaste si podías darme un beso... Creo que me incomodé mucho, y según recuerdo, nos dimos un besito. Después seguimos corriendo, mojándonos.

 

    Una vez estábamos en tu casa, Humberto, Lianka, Sandra, Tú (por supuesto que estabas tú, si no, ¿cómo íbamos a estar en tu casa?), El Chino y Yo. Me acuerdo del Chino corriendo por toda la casa, vestido con una bata de tu mamá y un cuchillo en la mano, gritando... mientras sonaba el segundo movimiento de la

9na de Beethoven.

 

    Otra vez, era el cumpleaños de José Antonio, y estábamos en el pasillo del último piso del edificio de Omar (digo que de Omar, estoy inventando, pudo ser cualquier otro). Estábamos bebiendo no sé que cosa horrible, un aguardiente de lo más desagradable. Cuando salimos, eran como las 2 de la mañana, y José Antonio estaba que casi ni podía caminar. Ese es uno de mis recuerdos más antiguos con Jose Antonio.

 

    Y claro... cómo iba a olvidar aquella fiesta en Fuerzas Armadas!!! Fue un verdadero desastre... Cuando nos fuimos a acostar, el novio de la dueña de la casa casi nos bota porque no los dejábamos dormir... cada vez que apagaban la luz, alguien decía una fracesita como "acúsalo con tu mamá"...

 

    Cada vez que recuerdo todos estos momentos, me pierdo fuera de mí... entro a un lugar donde estamos todos, y donde yo ya no soy yo, sino un otro como tantos, sumergido en una historia... Y este es como el único cuento donde he podido ser personaje de algo más que una fotografía. Me pierdo fuera de mí y reconstruyo mi identidad, me veo como un punto, del que parten y recibe, mil líneas distintas a otros puntos... en ese momento es todo tan claro y transparente, y conozco a ese otro yo que está en cada uno de nosotros (mi yo que tienes tú, Piojo, Chesco, José Antonio, yo mismo en este preciso instante, MonoPunk... bueno.

 

    Cuando alguien se aleja o se va, uno simplemente pierde una parte de su "yo universal", objetivo, total... el yo que está más allá de estas manos que escriben esta carta... Humberto y el Chino se han llevado un gran pedazo de nosotros... a dónde? No importa... la inmortalidad está en la tierra, siempre que exista el recuerdo (una foto, un mechón de cabello, una historia, un poema, un libro...), existirá el yo.

 

    No sé porque he empezado a decirte todo esto... tal vez es porque tengo confianza en la tarea de reunir todos los escritos del Chino y publicarlos... yo mismo, desde que Humberto murió, he querido hacer lo mismo con sus escritos... así que, bueno, aunque estos cadáveres exquisitos que te mando no sirvan de mucho, tal vez, aunque sea, ayuden a que ampliemos nuestra percepción del yo de esos dos cadáveres exquisitos, el Chino y el Mago.

 

Dan.

 


Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados