Dos estudiantes de la Polytechnic School de Londres, Roger Waters (guitarra) y Nick Mason (batería), forman un grupo con el nombre de SIGMA 6 para el que han reclutado a: Rick Wright que se encarga en principio de la guitarra, Clive Metcalf que toca el bajo y dos cantantes Keith Noble y Juliette Gale (futura esposa de Rick Wright). El grupo se rebautiza cada pocos meses: T-Set, The Megadeaths, Abdabs, este último ampliado a The Architectural Abdabs o The Screaming Abdabs.


       El grupo contaba incluso con manager, que fué en un principio Ken Chapman y poco después sería Brian Morrison. Se realizan varios cambios en el grupo con la incorporación de un nuevo guitarrista, Bob Close, que aguanta poco en el grupo y cede su puesto a un individuo de aspecto enfermizo y con cierta simpatía por las sustancias alucinógenas llamado Syd Barrett al cual le ronda por la cabeza un nombre "Pink Floyd", que no es mas que el fruto de la unión de los nombres de dos músicos de blues de Gerorgia (Pink Anderson y Floyd Council) de los que Barrett tiene un disco en casa.


      A finales de este año (1965), el grupo debuta en el Countdown Club de Londres en la que se considera la primera actuación del grupo con el nombre de PINK FLOYD SOUND y cuyo repertorio se basa en versiones de clásicos de Chuh Berry, The Kingsmen y Bo Diddley y sobre todo, rok and roll, blues y muchas ganas de salirse de los patrones establecidos.


       A estas alturas, el grupo se ha reducido y se ha convertido en una formación muy concreta con: Roger Waters -bajo y voz, Nick Mason -batería, Rick Wright -teclados, y Syd Barrett -guitarra y voz. Las cosas empiezan a marchar bien y el grupo comienza a dar tímidos pero vistosos pasos hacia la construción de espectáculos multimedia con filmaciones acompañando a su música creando así un auténtico ambiente psicodélico.


      El álbum "The Division Bell", se publica el 30 de marzo de 1994, el mismo día que arranca en Miami su nueva gira mundial. El disco, fiel a un sonido preciosista y sin muchas sorpresas, recupera el rock "easy listening" materializado en "A Momentary Lapse Of Reason".


      La prensa británica no es muy condescendiente con el álbum. "New Musical Express", publicación conectada con las últimas tendencias del rock más avanzado, otorga al álbum una puntuación de 3 sobre diez: "No es que el álbum sea especialmente malo, sino que es terriblemente anónimo. "Take It Back", "Coming Back To Life" y "Lost For Words" son canciones que inducen al retroceso, que se hunden hasta el final. Muy, muy aburrido. Sus contables estarán satisfechos". El autor de la crítica, Tommy Udo, se refiere también a la influencia que los Pink Floyd han ejercido en la nueva generación de música "ambient techno", con exponentes como The Orb, pero termina señalando que los discípulos están yendo mucho más lejos en su exploración sonora: "Los Floyd obviamente no escuchan la radio en su torre de marfil. ¿Ha perdido ya Pink Floyd el contacto con el mundo real?, ¿Se limitan a recrear la misma canción una y otra vez ignorando los avances que se producen a su alrededor?". Otra publicación británica, "Q Magazine", es mucho más comprensiva con el álbum, al que concede tres estrellas sobre un máximo de cinco: "Siguen siendo únicos y enigmáticos", asegura pese a todo.


      Ante las críticas de signo dispar, los propios componentes del grupo realizan declaraciones defendiendo su trabajo: “El nuevo disco es mucho más intimista –declara Gilmour-, y creo que nunca me había gustado algo nuestro desde cuando hicimos "Wish You Were Here". Mason añade "En este disco hemos tocado los tres a la vez, es como en los viejos tiempos".


        Para su nueva gira mundial, el grupo recupera una formación casi idéntica a la que recorrió los escenarios entre 1987 y 1990. Se trata de Jon Carin –teclados y coros-, Tim Renwich –guitarra y coros-, Guy Pratt –bajo y coros-, Gary Wallis –percusión-, Dick Parry –saxo-, Sam Brown –coros-, Durga McBroom –coros- y Claudia Fontaine –coros-. El primer "show", en el Joe Robbie Stadium, de Miami, muestra nuevamente una parafernalia descomunal en la que destacan efectos como dos enormes jabalíes hinchables y dirigibles que planean sobre el estadio, además de profusión de rayos láser, la emblemática pantalla circular que muestra nítidas imágenes de vídeo, chorros de fuego, humo y pirotecnia. Y es que el grupo se ve en la necesidad de rizar el rizo en cuestiones escénicas: una huida hacia delante con la que se pretende impactar a un público ya habituado a grandes montajes como los recientes de U2 –"Zoo TV Tour"- o Rolling Stones –"Steel Wheels"-.


      Como en toda gira de Pink Floyd, no hay nada como la rotundidad de las cifras para pasmar a una opinión pública a menudo fácilmente impresionable: durante cada día de gira se consumen casi 200 litros de leche, 1.200 bolsitas de té, 1.000 latas de refrescos, dos cajas de lechugas rumanas para confeccionar la ensalada César y 1.000 huevos. Además, la expedición cuenta con un horno de pan propio que confecciona 20 hogazas diarias.


      Respecto al repertorio, no se detectan demasiadas novedades, a excepción de la lógica interpretación de un gran número de temas de "The Division Bell". La incorporación más sorprendente se encuentra en la pieza que abre el concierto, ni más ni menos que "Astronomy Domine", pieza compuesta por Syd Barrett y rescatada del primer álbum de Pink Floyd. Un guiño hacia la época más irreverente y delirante del grupo. La complicidad con el pasado se redondea, además, con temas como Shine On You Crazy Diamond· -que abre la segunda parte-, "Money", "Breathe", "Time", "The Great Gig In The Sky", "Us And Them" –"The Dark Side Of The Moon" sigue pesando lo suyo- una versión resumida de "Echoes", "Hey You", "Run Like Hell", "Another Brick In The Wall Part 2" y "Wish You Were Here".


      Tras su periplo americano, los Pink Floyd llegan a Europa vía Lisboa, donde actúan el 22 y 23 de julio, para saltar inmediatamente a San Sebastián –Velódromo de Anoeta, 25 de julio- y Barcelona –Estadi Olímpic, 27-, en la que supone la segunda visita del grupo al Estado español. Las siguientes fechas de su gira europea de 1994 son: París –Castillo de Chantilly, 30 y 31 de julio-, Colonia –2 de agosto-, Munich –4-, Basilea –6 y 7-, Montpelier –9-, Burdeos –11-, Hockenheim –13-, Hannover –16 y 17-, Viena –19-, Berlín –21-. Gelsen Kurken –23-, Copenhague –25-, Goteburgo –27-, Oslo –29 y 30-, Werchter –2 de septiembre-, Rotterdam –3 y 5-, Praga –7-, Estrasburgo –9-, Lyon –11-, Turín –13-, Udine –15-, Módena –17- y Roma –20-. Y aunque no dispongo de datos exactos, también se contaba con actuaciones en diversas ciudades de Bélgica, Gracia, Turquía e Israel.


      Asimismo, el grupo se presentará en Gran Bretaña, concretamente en su ya familiar Earls Court, en Londres, durante diez noches, rompiendo un récord que hasta ahora conservaban Prince And The New Power Generation, que realizaron ocho conciertos en 1992. Las fechas de los conciertos londinenses fueron del 12 al 16 y del 19 al 23 de octubre inclusive.


        En un momento en que el nombre Pink Floyd forma ya parte de la cultura occidental contemporánea, y cuando el grupo sigue moviendo dinero en cantidades que provocarían un infarto en cada uno de sus seguidores –"The Dark Side Of The Moon" ha alcanzado los 23 millones de copias vendidas-, cabe interpretar su retorno como un reencuentro con unos esquemas musicales atemporales y carentes de voluntad renovadora. Los discos de Pink Floyd, editados con periodicidad menguante, descartan cualquier intención de explorar caminos nuevos, refugiándose en un perfeccionismo formal que poco tiene que ver con los sonidos plasmados en los primeros álbumes del grupo.


       Quizás las nubes de la tecnología y la comodidad se han interpuesto fatal y definitivamente en la trayectoria de Pink Floyd, antaño sellada a fuego por un irrenunciable compromiso con la vanguardia. "Obscured By Clouds", cegados por la sed de resultados inmediatos, aparcados en la ruta hacia tierras musicalmente vírgenes, los Pink Floyd- no olvidemos castrados tras la deserción de Roger Waters- se conforman con ser una fotocopia en blanco y negro de sí mismos. Su pervivencia en 1994 no es sino un vestigio de otros tiempos, el frágil latido de un corazón desmotivado."The Division Bell", compendio de sabor neoclásico de las actuales inquietudes del trío, resulta ser un trabajo tan sobrio como previsible, pero quizá no se les pueda pedir más a unos músicos que, un día, sacudieron la escena "underground" londinense con sonidos que ni ellos mismos serían capaces de superar.

 

 


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