De la gente

 

 

(parte de un libro inédito que nunca publicaré)

MÁS DESVARÍOS

    De la gente:- En el fondo, pero muy en el fondo de los corazones humanos, hay un alarido ansioso por respirar el humo de los carros, por sudar en las calles y después contemplar las banquetas mientras los ojos se secan desmayados en la nada.

    Lo sé. Lo he visto en los rostros resignados de toda esa gente que puebla el centro de la ciudad con su escándalo indiferente, o en los límites, con su calma sorda.

    Y a pesar de la gente que veo, la que no veo me hace sentir peor. Allá, de donde sale la luna, siento sus miradas pulsando como latidos de ave marchita, como aullidos de lobos secos.

    Pero LA FUENTE estaba cantando otros nombres, pensando en otras cosas diferentes a nosotros.

    Ella se empeñaba en mirarla, como si comprendiera el significado de aquella larga melodía. Yo, indignado, cerré los oídos y me prometí esperar la soledad para poder abrirlos. Aquel lugar donde nadie tiene que entenderme ni yo lo deseo.

    A la fuente: - ¿Y tú qué eres? ¿De qué lodo te formaste? ¿De qué país vienes? ¿Por qué cantas aquel idioma incomprensible? Muchos años ahí, más que nosotros tal vez, y ahora somos incapaces de cantar contigo. ¿No platicabas tú con mis abuelos? ¿Acaso nosotros olvidamos el lenguaje?

    A ella: - Qué marcas me has dejado aquí, tan imborrables y destructoras, tan lastimosas ...y yo pensando en curarte, cuando no puedo soportar mis propias heridas.

    A la nada:- Qué ingenuo soy, es que uno a desconfiar nunca aprende. Uno ama, uno quiere reírse de todo, amarlo todo y... tal vez ser querido, ¿por qué no? Pero es que uno es tan imbécil. Y muy confiado. Muy torpe para eso que la gente llama vivir. “Hay que vivir la vida”, dicen, “y cómo putas”, se pregunta uno. Nadie contesta, y es como uno de esos días en que sientes que no existes, y se van haciendo semanas y meses y te vas muriendo poquito a poquito, sin darte cuenta, nomás viéndote las canas, las arrugas, el fastidio. Y te preguntas por qué no te mueres de una vez. Una de esas personas que te dice “ay, como apestas a cigarro”, te deberían matar si tanto les molestas. Pero no entienden nada, no ven, no escuchan. Se la pasan pensando “¿Y tú qué vas a ser cuando seas grande?”, “¿y qué música te gusta?”. ¿Música? Música eran otras cosas, otros sonidos; canciones eran otras palabras. Nosotros sentíamos, no pasábamos el rato escuchando, oyendo pendejadas. Pero es que nosotros supimos lo que era sufrir, y por eso aprendimos mejor de las pasiones. Nosotros... pero esos güeyes todo lo quieren del cielo, y no se dan cuenta que es de un culo gigante de donde les caen las cosas. Nosotros no. Nosotros sí sabemos qué era el cielo, que era la música, qué eran las palabras. Ahora ya no hay. Nos la pasamos nuestros últimos días evocando fantasmas en la mecedora.

    En el cuarto:- Ella (otra ella) me dijo que yo era especial, que mis ojos eran como dos universos más grandes del otro lado. Wow. Nunca me había sentido mejor con una mujer. Dijo que mi pequeña barba era un bosque de silencio, que mis caricias eran la calurosa promesa de su muerte. Dijo que mi cabello era la tierra con que sepultaría su féretro de feromonas. Me mostró su vagina y me pidió que salivara sus rasguños y heridas; Luego ella salivó mis oídos y mi corazón. ¡Qué noche Dios mío! Dijo que mis manos eran gaviotas encendidas. Luego le pagué y se fue como a las dos a seguir trabajando.
 


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