Breve Anagrama del Hombre

 

    Uno es el que se desespera, encerrado en su isla que está tan aparte, con sus cocos y palmeras y detalles bonitos que la hacen tan bella y tan propia, con ese escaparate eslabonado de libertad por libertad que uno respira en su trozo de tierra abandonada. Uno se esconde en la isla, no porque pueda o sepa, sino porque se esta solo y abandonado en la isla y la isla lo sabe y comprende que estas solo, y con su ayuda te logras mantener a flote entre tanta agua que nos rodea y que devora todo alrededor: Ese es el mar, y el mar detiene tu vista y tu vista no ve más allá, y tus ojos quisieran ser piedritas para aventarse al agua y por fin entender que sólo es el mar, nada hay detrás, pero no podemos, no tenemos la certeza, y dentro de esa incertidumbre nos perdemos, justificamos el universo, le inventamos formas y colores, dotamos a imágenes de funciones y significados y vivimos dentro de nuestra isla sin saber, diciendo simplemente basta, asumiendo, adaptando, sobreviviendo, creyendo que existe un mar infinito que nos rodea y nada más.

 

    Sin embargo, esto no evita, que de cuando en cuando uno de los tantos que vivimos dentro de las islas cercadas, nos acerquemos a las orillas con un afán quizá romántico, acusado de perdida de tiempo y de detalle inservible, y poniendo un mensajito dentro de una botella, lo arrojemos al mar, en espera, como siempre, de que algo suceda.

 


Inicio | Mundo Naciente

Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados