El Viaje

 

De alguna manera se desliza el camino.

Pensamientos fáciles van conduciéndome y avanzo,

mientras los dedos del viento tamborilean en mi rostro.

Nadie se sienta junto a mí, no permanecen.

El silencio no puede compartirse.

El silencio, las evoluciones que realiza esta nada

sobre tazas de un té bebido en solitario.

No es un juego, es un viaje.

Ciudades semejantes se suceden, árboles, señales.

Repetidos abalorios dispersos.

Todo se confunde y tal vez sigue siendo un juego,

el del solo jugador que lanza al azar sin ver los

movimientos,

sin mirarlos.

El juego es sentir el paso,

las repeticiones que no cesan,

hasta que todo retorna a su posición de indivisible

y sentir el paso, percibir el camino entonces.

Así sucede:

un puente, luego la línea oscura del camino;

otro puente, otra vez la línea oscura.

Giros en la nada,

espirales deshaciéndose en el centro sin sonidos,

sutiles estampas creadoras del silencio.

No hay pasiones.

 


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