Rastreo

 

 

    Desde la aurora de la creación me apremias. Prendida de un recuerdo, disimulada en la esencia de las cosas, o latiendo en el espesor de un pensamiento. En cada esquina de la realidad siento tu acoso, y en el espacio imaginario, a mi espalda oigo tus pasos.

 

    A veces me siento al borde de tu cama, y te persigo por las desiertas calles de los sueños, buscando traspasar el umbral de tu conciencia, para dejar de ser un ser inexistente. Nos encontramos al borde de tu aliento, y me arrastras a tu reino secreto de la desproporción y del absurdo. Mi desdibujada imagen se ilumina por el vago resplandor de tus deseos, y el vértigo me invade, cuando me precipito en la pendiente de tus brazos. Desde tu voz avanza una horda de imágenes acústicas, mordisqueando mi vientre con lúbricos anhelos, y nos perdemos en un mágico laberinto de erotismo.

 

    Soy esclavo fiel de los vestigios de tu ausencia; idea suspendida en la luz de tu mirada. No existe emoción en mi ni pensamiento en que no pulse tu nombre. Me hablo de ti con el silencio, y con cada palabra que pronuncio.¡Penélope incansable que tejes y destejes en un lienzo de ilusiones mi existencia!. El deseo me forma y el temor me desvanece.

 


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