Entonces la sed me hizo temerario...

Borges

 

Lleno de silencio,

ubicuo;

como un pez,

descarto lo real,

lo rutilante,

y me apodero de lo –llamado- ajeno

trepando el dorso de la luz

el torso humedecido de la tierra

zurrando al viento con la mano abierta;

con la violenta sensación de la alegría;

esa virtud que la sed

ha recargado en mis espaldas.

 


Inicio | Macrocosmos

Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados