La Versión de Mi Suicidio

 


Ayer iba a suicidarme. Pensé que realmente lo haría por ser una cobarde. Por ser una inútil.
Mi depresión llegó demasiado lejos. Demasiado tiempo estuve sin llegar a ser nadie. Cobarde. Cobarde.

Estaba en medio de la noche muerta. Oyendo el zumbido de mis oídos y la sangre que se amontonaba, arremolinándose en mi cerebro. Ahogándose. Yéndose quien sabe adónde. Fluyendo en la dirección de alguna vena desconocida.


Pude prever cómo sería. Pude verme dando un salto de la cama, arrojando la manta a un costado, y rompiendo los vidrios de la ventana... de un golpe. De salto. De un grito.


Me veía ahí mismo volando. Sintiendo por fin el contacto con lo eterno. Experimentando finalmente el gusto de pender sobre el aire. Frío. Denso.
 

Esperaba que fueran minutos interminables.

Quizás todo lo que había sido mi vida pasara frente a mi en el lapso de esos segundos... o iba a ser simplemente un frío impacto contra el piso. ¿Y sería un frío impacto?. A lo mejor ni llegaba a sentirlo. Quien sabe.


Quizás la sangre ni se desparramara demasiado rápido y se coagulara en el susto del salto. Quizás mi cráneo sólo se volviera añicos. Y después, tan sólo irreconocible. Sería una muerte rápida. Quien sabe.

Lo vi a modo de documental. Pude filmarlo con millones de cámaras diferentes. Pude ponerle subtítulos que dijeran "cobarde... cobarde". Y comenzar el relato partiendo desde donde estaba, en esa misma posición acostada en mi cama... sintiendo los pies demasiado calientes. Percibiendo mi cráneo demasiado hinchado. "Nobody say it was easyyyy....". I love Coldplay. Esa canción sería perfecta como música de fondo. Hasta armaría un soundtrack.

Estaría acostada en mi cama, con el discman funcionando y los auriculares al oído. Las cámaras deberían estar girando y enfocando la oscuridad que veían. Traspasándola. Revelando aquello que pensaba. Haciéndome visible.

A eso del minuto cincuenta y uno, sé que tomo la repentina decisión. Puedo escuchar la música y puedo imaginarme las acciones.


Segundo cincuenta y dos. Aparto la manta. Arrojo los auriculares y el discman en un rincón. La música sigue sonando. Hay una cámara estática, frente a mí y arriba, captando imagen a imagen los movimientos. Pareciera una exhibición. Pero es mi suicidio.


Dos minutos cero cuatro. Piso la silla que está situada frente a mi escritorio y doy un repentino salto. Cubro mi rostro con mis brazos... jajaja, como si quisiera evitarme cierto daño. La decisión está tomada y es inevitable. No se oyen los sonidos de los cristales que se rompen, sólo percibo mucho aire. Mucho aire frío. Mucho aire muerto. Pienso en lo que hice. Sonrío. Cobarde. Cobarde...

Dos minutos dieciséis. Aún me veo volando. Me siento viva. Más viva que nunca. Extiendo mis brazos como si fuera dar alguna especie de salto mortal. Imagino una piscina, pero no hay agua en el fondo. El piso es sólo cemento. Veo cada detalle del pavimento. No atiné a quitarme los lentes. Mejor. Así la vida se esfuma sin llegar a ser no vidente. Así la vida se esfuma con sus perfecciones. Con sus miles de detalles.


Extiendo mis brazos. Abrazo todo lo que hago. Abrazo el aire. Nunca he hecho esto. Tampoco habrá otra vez.

Dos minutos diecisiete. Ya estoy en el piso. Ya estoy muerta. No respiro. Luego del salto con los brazos extendidos... la cámara que lo filma se cayó muy rápido. El salto de veinte minutos se redujo a uno. Caigo violentamente. Pesadamente me derrumbo y me hago pedazos.
La cámara enfoca un perfil de mi rostro despedazado. Ella ha caído y yace junto conmigo.

Dos minutos veintinueve. Un hilo de sangre comienza a caer desde mi boca. El impacto ha cesado, y el relato del mismo también. Ni siquiera tuve tiempo para pensar sobre la vida y la muerte... la maldita cámara que lo filma, y el guión de la que lo escribe, no me han dejado.

Dos minutos cuarenta y tres. La cámara se aparta de al lado mío, desde donde yace como si fuera ella la que se hubiera suicidado, y se va hacia arriba. Volando hacia lo alto. Pero mientras se eleva, no deja de filmarme. No deja de captar el cuerpo muerto y desecho que yace ahí como una esvástica.

A los dos minutos cincuenta y ocho.. se oye una voz que dice... "cobarde... cobarde".

Comienza la historia de nuevo. La canción sigue. Ahora... una explicación y el por qué del suicidio.
 


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