De aquella pequeña pileta de plástico en la que jugamos y tan incómoda te hice sentir a causa de ciertos impulsos y reacciones que jamás pude (querré) justificar y de la roja ceguera de mis muslos y mi vientre y tu comprensible (reprochable) e iracunda evasiva

 

 

Aunque en realidad pudiese,

 

si fuera acaso remotamente

 

posible,

 

no me arrepentiría.

 

Jamás.

 


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