Ángel...

 

Son las tres y cincuenta de la madrugada con la que comienza el domingo.

 

Escucho a Pink Floyd y me imagino que te gusta. Pero lo escucho a bajo volumen, por los vecinos que duermen a estas horas. Miro tus fotos porque no puedo evitar hacerlo. Pero sé que hay días en que no debo hacer ciertas cosas (beber, salir a la calle, pensar en el futuro, reunirme con otras personas, mirar tus fotos...) y este es uno de esos días. Supongo que tampoco debiera estarte escribiendo: hoy te extraño demasiado. No es una ilusión, no extraño a un fantasma. Te extraño como a lo que eres ( una de las cosas que eres), te extraño como a un sueño más bien imposible... o demasiado difícil, que no hay que exagerar. Pero te extraño ¡coño! ... Y si estoy loco, si los otros creen que estoy loco, entonces... ¡que me encierren y se acabó! Por suerte nadie _excepto tú_ va a saber esto ni va a tener la oportunidad de preguntarme: "¿ Cómo se puede extrañar tanto a alguien así?" Y no es que no sepamos la respuesta, es que no necesitamos semejantes interlocutores a esta hora. Aunque últimamente he hablado mucho de ti, con amigos, con mi madre... Lo que quiero decirte es que, de alguna manera estoy débil. La mayor parte del tiempo acepto _mal, pero lo hago_ las reglas de "esto" y me preparo para una espera de años. Pero hay días en que esa espera se me antoja como algo terrible y este es uno de esos días. Perdóname por él. Sé que lo que tu sientes y lo que tú necesitas es muy diferente de lo que pasa conmigo y pienso mucho en eso en los minutos de desesperación. No quiero pensar_. Prefiero engañarme un poco. No es mi costumbre, pero contigo ya hace mucho rato que se terminaron mis costumbres.

 

    Si no lo has hecho antes supongo que a estas alturas de mi divagación ya te estarás preguntando: "¿ A dónde conduce todo esto?" Eso es lo peor. No va a ninguna parte, por supuesto. Es tristeza pura y sin refugio, sin sentido casi. Parece que algo dentro de mí necesita decirte de vez en cuando que detrás de las palabras que te envío hay una persona que te ama como aman los más comunes de los mortales y que desearía que ese amor se convirtiera en una historia semejante a las comunes historias de amor. No puede ser. No es.

 

No somos dos mortales comunes, ni siquiera somos mortales: te convertí en un ángel y me convertí en un payaso... eso estuvo bien, fue un buen truco para el que utilicé toda la fuerza de mi magia, pero, obviamente tiene sus inconvenientes. Uno de ellos es el de vivir fuera del mundo y del tiempo, vivir en nuestro propio mundo. Aquí no tengo tu cuerpo, ni tus días, ni tus despertares, ni tu furia, no tengo tus besos, ni tus enfermedades, ni tu angustia, no desayuno a tu lado ni te miro dormir, no puedo regalarte cositas con olor, ni esperar a que llegues del trabajo, ni embarazarte. No es feo este mundo nuestro, es bello... y triste, muy triste a veces.

 

En madrugadas como esta quisiera mucho poder tocarte, olerte. ¡ Ah, si pudiera olerte... ! Me pasaría horas enteras recorriendo tu cuerpo con mi nariz, explorando tus rincones, tus huecos. Olería tu sexo hasta aprendérmelo para siempre... y no estoy hablando de olores artificiales, sino de esos que adquiere tu cuerpo dormido, muchas horas después del baño, esos que debes tener ahora mismo, mientras yo estoy despierto, imaginándolos, en una ciudad que no conoces. Olerte no me cansaría, pero terminaría por querer acariciarte, recorrer tu largo cuerpo con mis manos, con mi lengua... y no te despertaría. No quiero, en medio de esas horas de gloria, ningún signo de tu conciencia... Quiero acariciarte así, dormida y hacerte soñar con que te acaricio, con que alguien _que no soy yo, sino alguien perfecto que te hace caricias perfectas_ te acaricia. Guardaría tus orgasmos en mi memoria para siempre y los reviviría cuando todo hubiese terminado... o tal vez sí, tal vez te despertaría... pero al final, al borde del amanecer. Entonces te haría el amor, pero no como lo hacen los humanos, sino como quisieran hacerlo. Te haría un amor que aún no existe, que sólo podrá existir cuando me meta en tu cama a inventarlo. Por supuesto que ahora no puedo imaginarlo y menos ponerlo en palabras... pero sé que lo adorarías, aunque no se parezca a lo que habrás tenido hasta entonces ni a lo que estás esperando...

 

Supongo que lo primero _lo que siempre estará primero en mi deseo_ será conseguir Tu Placer. Esto no es una muestra de nada positivo, ni de mi falta de egoísmo o de machismo... Contigo será mi única manera... Ambiciono ese placer como no he ambicionado ninguna otra cosa en este mundo, y lo buscaría, lo perseguiría, lo provocaría con toda mi intensidad, con todos mis sentidos y mi hambre de ti, que es hambre de Tu Placer, uno que utiliza el cuerpo como signo y vehículo, no como fin. El fin es tu felicidad, una felicidad que no conoces... o que no recuerdas...

 


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