Tú sabes perfectamente qué está pasando, y no es la primera vez que atravesamos por esto, así que no pretendas que no me entiendes, porque si aquí hay algo que sale sobrando son las explicaciones. ¿Crees que esa cama sería capaz de olvidarse de una historia como la nuestra? Ja! pero la ironía es mía al pretender llamarle historia a esto por lo que tú nos estas llevando día a día. Pero es que claro que era predecible, las ilusiones siempre fueron sólo mías, yo pretendía regirnos a lo más sagrado, a lo indestructible, pero cuando las cosas comienzan mal, terminan mal, y no es que aquella noche no haya sido todo un espectáculo, pero si analizas con detalle el asunto, nuestras conductas tarde o temprano prevalecerían ante el carácter y las ambiciones del otro, y entonces sería recién cuando nos daríamos cuenta de lo que nos estábamos haciendo. No!, no me mires de esa manera, ya tus manipulaciones no me engañan, ya entendí que toda esa inocencia es fingida y que lo mismo te da que sea yo, o que sea a quién vas a suplicarle que te deje pasar primero en la fila del supermercado, porque usas el mismo método casi siempre y para todo. ¿Y qué queda? Nos tocará recoger cada cual sus cosas y mudarnos los dos, porque no pretenderás también que te deje viviendo con el pasado y mucho menos me quedaré yo a ver cómo los recuerdos se suicidan cada noche. Que los experimente otro que no nos conozca, a ver si aprende algo de todo esto, y al menos en ésta casa no se vuelven a cometer los mismos errores, que se cometan, claro que sí, pero otros. No pueden haber divisiones perfectas ¿o vas a darme la parte de tu corazón que me corresponde? La ironía nos sienta de maravilla en estos días, como cuando ves un rostro angelicalmente perfecto siendo bañado por el primer rayo de la mañana y éste lo desfigura y lo quema. Sí, ya sé que mi poesía te aburre, tanto como a mi tus largas explicaciones sobre lo obvio, pero ya ves, hasta nuestros defectos aprendieron a convivir mientras nosotros nos encargábamos de entorpecerles un poco más el camino. Ya se va haciendo la hora, si quieres nos acercamos y nos olemos un poco para marcharnos con el otro metido en la nariz y fuera del pecho, o podemos lamernos para recordar con claridad a qué sabíamos cuando bajemos estas escaleras por última vez. Vamos ya, me estoy cansando de la angustia de querer abrazarte y saber que no te lo mereces, y ya pensarás que quién soy yo para determinar qué mereces tú y que no, y sin que me quede nada por dentro te digo que soy traficante de lo que fue tu amor, y por ello me tomo ese derecho. Claro que seguiremos siendo nosotros, nadie nos desintegrará el día de mañana, cuando un árbol es frondoso a nadie se le ocurriría hacerle un transplante de raíces. Me sorprende que demuestres miedo, una de tus mayores virtudes siempre ha sido ocultar la verdad de las cosas que sientes, sólo que ya la palabra tiempo nos ha hecho recordar actitudes exactas y se perfectamente por donde te vienes. Deja esa ventana abierta, a ver si todo esto toma un poco de aire, hasta yo me estoy asfixiando de estar aquí, y no es sólo por ti, también es por mí, no te creas que me siento muy bien con todo esto, por el contrario, te comunico que lo padezco más que tú desde el momento en que te hago responsable, o no pretenderás que cargue también con la culpa de tus errores, y ya lo sé, que yo también cometí errores, pero eso me los atribuyo sin tanta contrariedad, quién tiene problemas para reconocer sus faltas eres tú, no lo olvides. Da el paso afuera, para que nadie piense que también te atropellé en la vida, justo en el momento de mayor debilidad para ambos. Finalmente hemos cerrado la puerta, ya lo ves, no nos queda nada, como el primer día cuando entramos aquí de la misma forma, tan vacíos, tan expectantes de encontrar una vida que nos lo daría todo, y queda científicamente comprobado que mientras más se espera menos se recibe. Bueno amor, hasta aquí nos trajo el río, quisiera agregar que “ha sido un placer” pero sonaría a sexo barato, y eso es algo que nosotros jamás fuimos, y no lo seremos ahora cuando estamos a punto de caer en picada sin el otro. Tampoco quiero beso de despedida, que queda como la promesa de que volverás cuando esa posibilidad es tan nula. Hagamos algo; yo me pondré de espaldas y tu te marcharás a prisa, para que tengas esa sensación de libertad que siempre has anhelado, y yo me quedaré aquí un momento en silencio, para entender esta huella de abandono que yo mismo nos he impuesto. Pero antes no olvides gritarme desde el piso de abajo:

 

¡Adiós amor, adiós!,  ¡hasta nunca!

 


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