Mi  Kibbutz

 

(Heliotropo)

 

 

El primer error es llamarlo “ mío”, pero eso no importa tanto, en el paraíso se cometen múltiples errores y el cometerlos es una de sus reglas principales. Pasando a eso de las reglas, tema bastante delicado… digamos que las hay y al mismo tiempo no. Dado que al enunciarlas sería bastante obvio que cada segunda regla contradice a la primera, en caso de que ésta no se contradiga a sí misma. Y entonces ¿para que hay reglas?, bueno ya que lo habitamos tantos seres de tan múltiples universos, existen diversas reglas que no se pueden incumplir, no porque cuando se quieran incumplir uno se sienta culpable sino porque humana o mágicamente no se puede. La principal de ellas por dar un ejemplo mejor de todo lo que acabo de decir es:    

   -   Nadie puede salir del paraíso una vez dentro.

 

    Esta regla es sumamente intransgredible, el resultado de su intento: la muerte física. Pero, realmente no estamos siempre 100% dentro del paraíso, sino entramos y salimos, somos constantes transeúntes en él, a lo que refiere es, a tratar de desligarse del paraíso, o salirse que es lo mismo. No, el paraíso no es como una cárcel, por el contrario es el mayor privilegio del que un ser puede gozar, pero a veces su sola presencia lleva a la locura (una locura desmedida quiero decir, porque en términos generales todos estamos locos) y es cuando se piensa que huyendo se escapará de esa conciencia tan poderosa, pero eso no es más que un error que puede costar la vida misma. Pero como de errores también se compone el paraíso, muchas veces esta muerte es bella, y más preciada que la existencia misma.

 

Como inconscientes que somos en algún momento de la existencia intentamos apartarnos de él, ocurren simplemente dos cosas; 1) Morimos, 2)Morimos. No hablo de dos muertes iguales, una es la muerte física, los más débiles al tratar de huir del paraíso indudablemente mueren físicamente, por lo cual se podría decir también que el paraíso es una especie de condena, o una especie de verdugo que pauta la vida. La segunda muerte es una hermosa constante, y llegamos irremediablemente al ave fénix. Morimos y renacemos una y otra vez, como diría Cortázar: caemos y nos levantamos, vivimos en esa constante rehabilitación. Algunos lo hacen con mayor facilidad o agilidad, otros pasamos, días, meses, años enteros cayendo y muriendo, pero finalmente se renace, y cada renacimiento fortalece, por lo que podríamos concluir que el paraíso es sólo para los fuertes de espíritu, y de nuevo volveríamos a estar errados, porque aunque la mayoría de los débiles cargan con una muerte física, ese fallecer no es más que el resultado de estar en el paraíso, por lo tanto los débiles también lo conforman, lo que contradice la definición anterior.


            No todos pueden estar en el paraíso. Ojo; eso no lo he decretado yo, es del tipo de cosas, que son así y punto.

            

            Entonces comencemos por definir el paraíso (craso error, pero sigamos), es como una sensación que se mantiene fugazmente después de respirarlo. Tan breve y certero como un orgasmo, pero real sin duda alguna.

          

        El paraíso no es un lugar plácido y silencioso, ni por el contrario es turbio y lleno de contradicción, simplemente se adapta al infierno personal, digamos que entrega justo lo que necesita cada quién, aun cuando se niegue a diario tal hecho. 

         Está claramente relacionado con todo tipo de arte, lo que no quiere decir que un biólogo marino no pueda entrar en el paraíso, por el contrario qué cantidad de escritores, pintores, escultores, etc., están excluidos de manera rotunda de éste. Pero ¿qué es arte y qué no lo es?, desde mi poco elocuente punto de vista diría que “todo es arte”, todo, absolutamente todo sin importar cuan bizarro sea, puede apreciarse como arte a través de los ojos del artista (tómese en cuenta que quien les habla en este momento, lo es).

 

            El paraíso está en todos lados, principalmente porque esta dentro de nosotros y a su vez es todo lo que nos rodea.

            

            Los que están afuera, digamos que un porcentaje, no cree que tal cosa exista, por lo que se dedican a negar su existencia (lo que en lugar de debilitar al paraíso, lo fortalece). EL otro porcentaje está en una lucha desesperada por entrar. La cosa es que uno no decide estar o no el  paraíso, ni siquiera es la clase de búsqueda utópica que puede llevarnos toda la vida en busca de algún resultado. Es el paraíso mismo el que te encuentra, mejor aún el que te lleva a un renacer dentro de él.  

 

Puedo saber quien está en el paraíso y quien no, por supuesto también estoy en la capacidad de equivocarme (cayendo de nuevo en el asunto del errar), pero digamos que a veces el paraíso premia con este tipo de intuiciones.

 

       Se podría decir que este texto no es más que un montón de contradicciones absurdas, pero ¿acaso el paraíso no lo es?.

 

En el paraíso se puede estar sufriendo o plenamente, miento se puede estar de infinitas maneras, tan sólo hablo de las formas en las que a mí se me ha manifestado más claramente, él tiene su forma particular con cada ser viviente en él.

 

El paraíso se compone básicamente de energía, lo que no quiere decir que sea etéreo. Puede llover paraíso, puedes llorar y reír paraíso, inclusive se puede llegar a vomitar paraíso y sigue siendo igual de puro. Lo que no puedes es definir el paraíso, aunque yo no haga otra cosa en este texto que el vago intento por expresarlo. Igual todo lo que se dice aquí se diluirá apenas se termine de leerlo, el paraíso jamás permitiría que se le atrapase en líneas y mucho menos en hojas en blanco y es absolutamente intransigente en ello.

 

Toda versión del paraíso es válida.

 


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