¿Cuánta inocencia puede llevarse una muerte inconsciente? El era pequeño, simplemente eso, un niño aburrido caminando por una playa poco concurrida. Todo a su parecer era bastante grande, aquel lejano vacío mostraba a las escondidas tortugas inmensas de caparazón indestructible. ¿Cuántas piedras podía cargar esa inmensa tortuga?, sólo había una manera de averiguarlo, así que comenzó a recolectar piedras de mediano tamaño, dejándolas caer sobre el caparazón; - de seguro cuando se mueva todas aquellas piedras caerán -.

 

    Pero la tortuga parecía extremadamente plácida, por lo que no hacía movimiento alguno a pesar de tener una torre de piedras sobre sí. La inocencia se convirtió en ambición, si esas piedras no eran lo suficientemente pesadas como para mutarla, entonces debía encontrar una más grande. Miró hacia los lados y finalmente dio con su objetivo, tuvo que hacer un gran esfuerzo para mover aquella piedra hacia la orilla desde dónde ocurriría el lanzamiento.

 

    Al instante que dejó caer la enorme piedra la ambición y la inocencia se volcaron en arrepentimiento ¿ qué había hecho?, pero era muy tarde, la piedra cayó irremediablemente sobre la tortuga, destrozando por entero su caparazón, dejando salir así aquel magma verde-rojo que demostraba la muerte definitiva. El niño se retiro completamente de la escena, y sin necesidad de hacer juramento alguno, nunca jamás habló de ello a nadie, quedando dentro de sí como lo peor que había hecho jamás.

 

    Aquella piedra aparte de acabar con la tortuga le dejó en claro lo sutil que era la vida, y lo sencillo que era acabar con ella.

 


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