Solitario besando mi almohada, solitario quemando mi cama, solitario… esperándote…
 


   

    La silueta de una mujer camina descalza por la calle, a las dos de la madrugada, bajo la lluvia. La silueta de la lluvia moja a una mujer, que camina descalza por la calle, a las dos de la madrugada. La silueta de una calle, es caminada por una mujer descalza, a las dos de la madrugada, bajo la lluvia. La silueta de las dos de la madrugada, una mujer que descalza, con lluvia, camina por las calles. La silueta descalza, las dos de la madrugada, una mujer camina bajo la lluvia.

 

    Él se tropieza con ella: le hace beber de su sangre como una prueba de fe. Ella lo mira desde el aire que va comiéndole los ojos. Las siluetas vuelven hechas un torbellino. Tienen miedo. Algo se los tropieza y los mata. Las siluetas se escapan corriendo, mientras sonríen por su libertad condicional.

 

    Una mano toma a las siluetas por el cuello. Es ella. No estaba muerta, sólo se había quedado dormida con los ojos abiertos. Él las mira alucinado. Las siluetas son castigadas sin clemencia. Ahora sólo son restos de angustia.

 

    La calle se ahoga y nadie la escucha, todos están ocupados en sus historias personales. La lluvia la violenta con su ímpetu desolado. Llora y llora las soledades del mundo. Todas las siluetas se han puesto de acuerdo, para hacerle una soga a la calle. Pero es demasiado tarde. Ella se diluye y no se dan cuenta hasta que se los traga.


 


Subterfugios Mínimos | Inicio

Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados