te amo con una furia que entorpece los sentidos, y por eso a ratos te odio y creo que estoy desgraciando a la palabra, pero en el fondo siempre es lo mismo. te amo con el sonido sordo de un alma muriendo, yo creo que me muero cuando no te encuentro, hasta que descubro que te llevo centralmente, y te hago absolutamente responsable de ello. te amo con el miedo que trae la soledad de permanecer separados, pero esta brecha es absurda porque estamos ligados en una línea pausada, que a veces nos reta y otras nos enseña la vía correcta para seguir. te amo sin derecho a errores y sin excusas, entonces una necesidad impetuosa de perdón se hace espacio entre nosotros, y jamás entenderemos que nuestro amor es más perfecto que nuestros propios juicios. te amo en las pupilas, en donde más duele que te amen, eso, el amor nos cambia el amor, a veces el amor es tan amor que nos destroza, que nos atemoriza convirtiéndonos en estatuas vacías, solemnes, y atrapada en este amor inconcluso, no es completo porque al infinito aun no se le han puesto parámetros, y yo nunca sabré dónde terminás vos, para comenzar yo.

 

Ya no te amo, el amor se doblegó.

Somos muy pequeños para él.

 

Espero que el odio si pueda bancarnos.

 

te odio con una paz que reconstruye los nervios, y por eso a ratos te amo y creo que estoy bendiciendo a la palabra, pero en el fondo siempre es lo mismo. te odio con el silencio estridente de un cuerpo que nace, yo creo que me muero cuando te encuentro, hasta que descubro que te has ido, y te exonero de toda responsabilidad. te odio con la agudeza que trae la soledad de estar juntos, pero esta cercanía es absurda porque nos desligamos en una espiral agitado, que a veces nos deja sin sueño y otras nos despierta para detenernos. te odio con todo el privilegio a equivocarse y explicar lo mismo millones de veces, entonces el desgano de perdonar nos une repetidas veces, y recién comprendemos las imperfecciones de nuestro odio, y no ha razón ni juicios. te odio en las pupilas, en donde más te duele que te odien, eso, el odio nos cambia el odio, a veces el odio es tan odio que nos reconstruye, que nos da valor transmutándonos en seres humanos, llenos de fe, dispersos y libres de este odio sellado, tiene un fin porque constantemente se han conocido la cantidad de estrellas que nos pertenecen por deseo, y yo siempre sabré dónde comienzo yo, para dejar de ser vos.

 

Ya no te odio, el odio se doblegó. Somos muy pequeños para él.

 

Espero que esta curva ahuecada sí pueda bancarnos en su medio.  

 

 

(Ilustración: Salva Salom Climent)


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