Prólogo

 

   

 

      Precisamente a esta hora en que comienzo a ser libre, debería ponerle un poco de seriedad a todo esto,  escribir de una vez por toda mi novela. Si te ponés a pensar, y a re-leer, hasta ahora sólo son trozos sueltos de nada, como una gran frazada donde se van uniendo los pedazos, que nada tienen que ver los unos con los otros, pero al coserlos de lado y lado, sin duda alguna van conformando la misma frazada y quizás por eso pensás que algo tienen que ver, pero no.

 

      Lamentablemente no es tan sencillo como yo quisiera enfocarlo, es decir, una cosa es el planteo de ciertas situaciones, y otra muy distante la realidad de éstas, donde prolijamente no encontrás nada con lo cual identificarte, entonces cerrás el libro y no seguís leyendo, porque para qué? ¿Para qué leer una novela que no tiene ni pies ni cabeza? Ni siquiera imaginás cómo el escritor tuvo el descaro de llamarle novela a semejante esperpento. Siempre me digo a mí misma: no es ninguna novela, es mi libro. Cual concepto abstracto donde un libro significa nada más y nada menos, que un compilado de hojas y letras, unas tras de otras, organizadas de forma asimétricamente coherente. Al final son los mismos textos una y otra vez, siempre diciendo las mismas cosas de distintas maneras, como si el lector tuviese una buena dosis de síndrome de down que yo necesitase corregir en cada título nuevo, en cada comienzo, en cada terminar a medias.

 

      Las cosas que quería decir en un principio, ya no me interesa decirlas, quizás porque ya las he dicho desde siempre, y a veces hasta con la no palabra. Entonces reiterativamente estoy cayendo en lo mismo,  asumo que a nadie le gusta leer un texto en el que lo toman por tarado, y cuando abandona ese texto, para buscar alguna cosa en el siguiente, se vuelve a encontrar con la misma mal formación una y otra vez, acusado de tener escasez de neuronas, como si no entendiera yo, que sin dicho lector, no voy a ir a ninguna parte. Es falso aquello de que “se escribe para uno mismo”, porque siendo así, ¿qué demonios hace Ud aquí? Intruso! Salga de mi texto y deje de estar leyendo lo que no le interesa sobre mis letras y mi vida, y ya lo ve, no es tan así como se viene la cosa, lo que ocurre es que no sé expresarme cuando quiero decir, que no escribo para comer de esto, sino que escribo para darles de comer a ustedes y a sus cerebros (sí, ya lo sé, otra vez tratándolos de imbéciles).

 

      ¡Qué se yo! Quizás no es más que un autorretrato: los subestimo para no ser tan obvia en cuanto a la subestimación a mí misma. Pero no deja de ser lo suficientemente ofensivo como para que cualquiera que tiene cuatro dedos de frente, termine por mandarme al carajo en cualquier instante, y bien merecido que me lo tendría, por hacerles creer que esto tiene algo de novela, y peor aun que tiene todo de libro, cuando en realidad no tiene nada de nada, y ya no sé para qué demonios otra vez estoy repitiendo todo esto.

 

      Quizás pretendo denigrarlos/me una vez más, en esta guarida estratégicamente impune que es la escritura, abusándome de la morbosidad de las mentes que insisten en llegar hasta el final de mis líneas, como si alguna vez yo fuese a adquirir la sensatez de dejar de escribir, de ordenar mis ideas, ser de otro mundo y otra forma, para que pueda ser entendida, perdonada y respetada, para que Ud. Señor Idiota, comience a hacerse una puta y lejana idea de lo que en realidad digo.

 


Literaberinto | Preludio | Deceso | Onironauta | Inconmensurable | Me voy | Inicio

Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados