Ausencia Inexorable

 

  

Debería estar engendrando y escribiendo lo que sea; a la devoción, al miedo, a la piedad, a la incertidumbre… pero no, en lugar de eso estoy aquí, inexplicablemente perdida en un laberinto de sensaciones que necesito saberme de memoria, la soledad siempre sorprende, siempre tan impredecible, tan ligeramente ella. Voy buscando despacio los detalles a los que aferrarme, poder decir que este  milímetro lo conozco, pero aquellas dos cuadras desconocidas tendré que rodarlas en silencio, perdida y atormentada en el paraíso de mi tristeza… ¿dónde escuché eso antes? vendría de mi propio corazón ¿o del corazón en pena de otro? Ahora únicamente me queda saber qué tan sola estoy, porque mi condición de egoísta reclama que haya una piel que sufre como la mía, y un alma que llora estridente por no encontrarme en medio de tanta oscuridad, mi plegaria indecente. Nada acierto, el desasosiego de morir súbitamente noche, cada medio respirar universo intrínseco que ya no encuentra refugio en los rostros conocidos. Entonces mis manos descubren que se han quedado sin el sabor de tu tacto, sin la sonrisa tierna del desprecio que irremediablemente la condena. Sólo sos un abismo, abandonada de mi misma etéreamente como resguardo de hambre, saciar esta soledad que se distingue de las otras soledades cuando vos la tomás, cuando acariciás la entre pierna y ella sabe que la perfidia siempre va de la mano con la locura, tentación sin descanso te parecés tanto a la belleza que me he enamorado inútilmente de la maldita sombra que deja tu recuerdo. Ya no estás. Aun así no me detengo de invocarte con el alarido más agudo que un animal en agonía pueda emitir y vos te ocultás luna sagrada, para no verme caer tan profundo en este aturdimiento. Pequeño ángel de alas vomitadas que no podés detener mi tristeza, esta noche te ansío como si fueras la última gota de veneno que le queda a mi vida. Amanezco violentamente en la rabia, entender lo mismo de siempre: a quién más destruya mi amor, será a mi misma. No amés niña infame, no te entregués nunca más. Haceme el favor de reservarle tu impureza al único ser que verdaderamente la merece y sería crueldad ocultarte que dicho ser ya no existe para vos, pero si querés contener toda esta amargura debés condenarte a la sagrada muerte que las cosas traen y sacrificar una vez más tu esencia, perjurar cautelosamente, esta sangre que solo a vos pertenece y aceptar de una vez por todas que un demonio como vos jamás tendrá cabida en el corazón de un hombre… Alejáte de prisa, usá tus poderes para borrarte los labios inconcebibles que absorben, agonizar todo lo que ésta noche necesitás.

 

(Ilustración: Salva Salom Climent)


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