Antología del Llanto

Parte I

Capítulo I (y único)

   

 

    En éste capítulo aprenderemos a llorar. Primero lloraremos por nosotros mismos, que es la forma más sencilla algunas veces de provocar el llanto. Llore por usted, por las cosas que quiso hacer y jamás fue lo suficientemente arriesgado como para seguir sus más puros instintos, llore por las cosas que perdió, llore por sus seres queridos, por las personas que están lejos y que extraña, llore por la infancia y los buenos recuerdos, llore por el primer amor y por el último, llore por querer ser feliz y no poder serlo. Ahora bien, si aun no a comenzado a llorar porque necesita más argumentos, pero tiene los ojos acuosos, no desespere, verá que pronto se integrará al ejercicio. Algunas veces uno no se da cuenta de la cantidad de tiempo que tiene viviendo sin el llanto, o por el contrario se ha llorado tanto en las últimas semanas, que las lágrimas ya no obedecen a la necesidad, y son directamente proporcionales únicamente al dolor. Sigamos; ahora lloraremos por los niños que en el mundo mueren de hambre, que están solos, que tienen miedo, que jamás han jugado, o escasamente recuerdan lo que es sonreír. Lloraremos por los niños que viven en ciudades en guerra, que están heridos, que sangran, que existen puramente de milagro. Lloraremos por los niños abusados, que son golpeados, quemados, ultrajado, violados, humillados, que tienen miedo, que se esconden, que no saben lo que es ser amados, y llorar de felicidad. Seguidamente lloraremos por las madres que pierden a sus hijos, o por aquellas que jamás podrán tenerlos, por las mujeres que sufren, que son maltratadas, que han perdido el respeto por la vida, que son abusadas en su hogar, que se sienten solas. Lloraremos por las muertes sin sentido, por las personas que son cruelmente mutiladas, asesinadas, por los accidentes que quitan la vida a seres inocentes. Lloremos por los hombres y mujeres que están en la guerra, que son cruelmente torturados,  tanto por el enemigo que muere, como por el aliado que muere con honores. Lloremos por la desesperación de no encontrar a quien se a perdido, por el miedo, por la desesperanza. Lloremos por las enfermedades que no tienen cura, por las personas de cualquier edad que padecen, y que van muriendo lentamente sin poder detenerlo. Lloremos por los seres que no respetan los derechos humanos, los sentimientos. Lloremos por los abuelitos, y ancianos que con la edad se han quedado solos y no tienen a donde ir. Lloremos por toda la gente que vive en la calle, en los refugios, que se han perdido, que ya no tienen por quién ser amados. Lloremos por los animales en extinción, abandonados, maltratados. Lloremos por todo aquello que carcome al mundo, que lo derriba, que lo diluye. Lloremos por no ayudar a los demás, por ser egoístas, por no darnos cuenta de todo el sufrimiento que cubre a esta tierra. Lloremos por las personas que viven en una mentira, o que engañan sin piedad destruyendo vidas, países, universos enteros. Lloremos por quienes no tienen quien los ayude, y lloremos también por lo crueles que pueden llegar a ser los que pueden ayudar y no lo hacen.

Lloremos por todos aquellos que jamás han llorado, porque no encuentran una buena razón para llorar. 

 

Ya vuelvo, voy a llorar un poco más…. siga llorando, de igual manera nadie lo ve.

 


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