LO QUE AMÉRICA NOS DA

 

 

 

Lo que América nos da, no nos lo da nadie…

Bueno, al menos hablo por mí.

Quiero decir que uno conoce cómo son los pies descalzos de esta tierra.

Yo sé que en la India también se mueren de hambre los niños,

pero yo no puedo evitar imaginar esas muertes con olores a incienso

y rezos que no conozco… entonces vuelvo a mis niños.

A esos olores que sí sé cómo duelen.

En el África también hay desnutrición, pero yo nunca vi de cerca esas caras

formadas de colores y formas tan intáctiles para mí

pero estos rostros son de nosotros, sabemos cómo contrae el vientre un niño en Cuba

que no tiene qué llevarse a la boca, y puteamos a Fidel Castro con todo conocimiento de causa.

¿Y en la India? ¿A quién puteamos? ¿A Ghandi?... no lo creo.

La ignorancia de mi pueblo puede verse en cualquier esquina,

no hace falta ir demasiado lejos.

Por eso me devolví – lo confieso -, para vivir de cerca con la gente que duerme en la calle

con los perros vagabundos, con el dolor y la desesperación flotando en el aire.

Yo no pude existir en casas pre-construídas en una semana, con dos plantas y jardín particular.

Donde la pobreza la pintan y la esconden, y la barren de las calles

y uno comienza a sentir que no sabe donde está.

Yo no nací para eso, a mi los castillos de cristal se me derrumban rápido,

por eso prefiero la roca que golpea fuerte cuando uno cae,

y la necesidad de futuro te patea el culo, y sigues adelante

sabiendo muy bien quién te está pateando.

Mi América que lo tiene absolutamente todo y se lo roban,

la hacen creer que se los están comprando por millones de dólares,

y vuelve triunfante nuestra falta de sensatez,

y nos quedamos sin nada, desnudos, porque hasta el aire que respiramos lo vendimos

por un mundo mejor que nos queda demasiado lejos, y al que no tenemos derecho a entrar.

Por eso me regresé a mi América, para no tener qué comer y no sentirme menos por ello,

porque acá el llanto de la noche no es un misterio para nadie.

Acá tenemos una lista inmensa de políticos que nos han hecho mierda el porvenir,

en Estados Unidos un único líder borra países enteros del mapa y ni nos damos cuenta.

Somos tan insignificantes y eso es hermoso, sobre todo porque no nos percatamos de ello.

Mi América, sos tan humana, que me da rabia que abusen de tu buena fe, de tus Santos

que vienen cada domingo a redimirnos de los pecados de la semana, y así vamos,

Una mujer embarazada y con un bebé de no más de dos meses en brazos

te suplica unas monedas a la entrada del templo

y cuando cierran las puertas el Sacerdote se emborracha con buen vino

¿Y quién me cambia la injusticia? ¿Cómo se puede vivir en un lugar donde las leyes funcionan,

y las señales de tránsito están por todos lados y son cumplidas?

Mi América transgredida, con países tan pobres que no llegan a ser ni pequeños pueblos rescatables.

Si yo fuera terrorista de seguro me escondería en América,

donde hay tanta tierra que no es de nadie, sin antecedentes penales,

sin más testigos que un par de aves de rapiña esperando su presa.

Yo quiero morir aquí, en un lugar del que tanta gente quiere irse, escapar,

y no se dan cuenta de que jamás estarán tan vivos como lo están acá.

Y sigo siendo extranjera, porque estoy lejos de mi país, pero he vuelto a mi  América Latina.

 

La llevo en las venas como una sola tierra que duele lo mismo, esté donde esté,

y esa es una verdad que no me quita nadie.

 


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