El tren

 

La montaña de la incertidumbre

 

       En la intemperie, damas deambulan voluptuosas

en vastos océanos, el poeta las observa en la alucinación absoluta.

 

       Tierra de pastos verdes, lenta, la salamandra danza

en un ocaso ritual, el silencio lo cubre todo, en torpes pasos, miente,

en sensibles tonos magistrales. Con el viento se baña de plumas,

el viaje se emprende con la destreza de un coyote.

 

       ¡ Traed la estatua, marcas la llama imperecedera,

la última trascendencia, el mundo se hechizó con vuestro trance !

 

       La hora eterna, el punto preciso, está por nacer.

Bárbaros en la inmensidad de la noche

- los espera el epicentro del poder-

el vasto sentido de lo absoluto.

 

       Lidiamos por más tiempo que el de la misma existencia,

en senderos de vulgar risa- la risa, el pecado capital.

 

       Místicos pueblos esperan la ejecución, en un bosque donde

los sueños se realizan en la angustia plena,

esta es la hora del reptil.

 

       Ven bruja, acelera los soles, las lunas.

 

       Correremos juntos por las montañas excitadas,

dormiremos en aldeas, alimentaremos al animal,

volaremos a la luna en giros mágicos.

 

       El demonio coronado con luciérnagas de luz roja,

desatará la tormenta.

 

       En lo más oscuro de lo real, de lo consciente,

una legión emerge para caótizar a la inerte humanidad.

 

       El fuego es el fruto del silencio,

                                                              la cura de la plaga.

 


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