Gracias a una niebla afligida en tu vientre de juegos
soplamos lo liberado de la tierra.

A partir de un ayer renovado pensamos al sol emplazado.

Te soplo nuevamente para amanecer de ti
y nos levantamos en los columpios del juego largo.

La evacuación de tus rasgos nos arrasa en las pestañas.

Se aclara la turbación en tu espesura de viento;
salimos a los parques una vez más
y en ese vasto mar andamos simples como el fruto de un fuego.

Nos repetimos las palabras fugaces de un ahuecamiento suave,
Y en besos sólo nos damos los tributos de nuestra propia inclinación.
 


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