Reaper

 

    Recuerdo una vez haber violentado la poesía. Su sangre virginal que empapaba mis ropajes incrementaba el libidinoso placer que creía experimentar. La culpa, grave voz amiga, hizo palidecer mis mejillas y muslos alejando el placer a kilómetros de distancias de mi humanidad.

Corrupto vagué bajo el sol que hierve sin la capacidad de cavar en la arena

de adelantar los tiempos, o cortar aunque sea una mecha de mi cabello.

Ya cansado, Nazareno, imploré perdón.

    Luego ella sólo me permitió tocarla de vez en cuando con los labios y las manos, después de perforar a espadazos los escondidos gnomos de mis entrañas.

¡Benditos guardianes de mis pasiones escondidas!

 

Después de muerto se puede hallar la libre virtud.

 

 


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