Observé la historia de mi existencia desde un prisma;

desde la luz no nació un arco-iris,

se originó una neblina de un denso ardor inclemente.

 

Era todo creer en algo cuando ya no confías ni en ti.

 

Resignado a una denigrativa visión.

 

Construí una pirámide con restos de ocasos abandonados por los días.

Era lo más obvio de un manifiesto oscuro.

Ya cuando mi alma era sólo un tenue brillo,

necesité llevar este pensamiento al opaco lecho de descanso.

Entrar en la cámara silenciada por la noche,

mi anterior figura iba cambiando a una forma infinita;

creí haber llegado al comienzo de la eternidad.

 

Siglos después a la variación de fase,

sigo perdiéndome en este obtuso ser inmortal.

Soñé con crear algo superior a lo vivo

 y solo hice un insensible

cuyo crecimiento se reafirma a través de un tiempo insano.

  


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