Letargo...

 

Despierto y consigo mugre sobre mí.

El olor a sexo podrido me envuelve entre noches de soledad.

Un destello alumbra mi ceguera: oigo, huelo... las veo.

Nínfulas recorren mi despertar.

                        Chillidos... sus voces estridentes caen dentro de mi efímero ser.

                        ¡ Estoy muy viejo para esto !... no hay respuesta.

Parece que mis instintos despertaran primero que mi mente.

( Si todavía existe ).

                        Me levanto respondiendo al morbo circundante.

Salgo y bajo a complacer mi carne.

                        Las niñas juegan y juegan,

no saben que un alma vendida a la noche está por acecharlas.

                        - ¡ Hey !, ¿ Quieres caramelos?

                        - ¡Si, por favor !

                        - Acompáñame al garaje, pues tengo muchos.

La llevé a mi coche ( piel canela, ojos verdes... sin que le importase un coño Bosnia o Etiopia). Estaba ( cual malvado) por consumir el Dantesco acto.

                        La agarré del cuello y empezó a gritar, yo saqué mi culebra púrpura y mi lengua impregnada de alcohol... Pero, ¡ Infames infantes !; llegaron sus ángeles azules, ajusticiándome con alas de madera y sirenas del Diablo... ¡ nunca consumí su púber carne !

                        Ahora, atrás de estas rejas, mi libido esta acabado...

sólo tengo recuerdos.

Uno se acostumbra a ser la mujer de veintisiete presos.

 

 


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