La Condena

 

Hubo una época (hace algo/ antaño) en que fui feliz. Todas las tonalidades se acercaban y alejaban: jugaban a ser seductoras mujeres y tentadoras actividades a consumarme como Señor de las Bestias, del orgullo, y de los pecados capitales.

Y nada de eso iba en contra de Dios.

¿Cómo puede algo que él haya creado ir en su contra?

Dormía plácido, revivía las experiencias cuando se me venía en gana. Era voluble a los instintos, y sólo en la luna llena revivía el voivoda de la cavilación.

Sin miedo, senté al equilibro sobre mis hombros, sentí su peso, su obsesiva frialdad.

Me poseyó. ¡ Estoy poseído de mi propia natura!

Increíbles errores sacudieron mi base, hicieron retumbar mi columna.

 

Antaño, siendo feliz podía jugar con la crueldad. Ahora que he crecido y soy peor (más cruel), engendraré hijos repletos de alegría.

Desde ese día caminaré con movimientos y temblores de serpiente.

 

Conservo las marcas en la cara y el cuerpo de todas mis vivencias.

  


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