hay un niño en esta grama que no mira a los lados, hay un niño que mata bachacos idiotas.

 

si puedo salir de este lodo con una sonrisa, si puedo abrir tanto mis brazos que en algún lugar te alcancen. si puedo con esta blanda capa de llanto sobre mi cara, si puedo llenar estas manos de canciones perfectas y volver a decir que la vida se demuestra viviendo.

 

hay algo en mi que definitivamente quiere largarse. algo que quiere entregarse aunque tus brazos no me reciban. hay todo un cuerpo que quiere caer de lleno en el agua tibia. que sólo dice quédate, abrázame.

 

recuerdas, recuerdas... piel manteca, alma sombrilla, el amor que sabe a domingo en la mañana a café y cigarrillos, a dedos enredados en el cabello, a piernas sobre la mesa a sitio púbico,  a sombra de casa luciérnaga que se bendice con lo lleno de los ojos.  

 

abrir la chaqueta, dejar que el tiempo se cuele como una mancha, que desaloje su dolor de cuerpo, su nombre sin uso. tengo pájaros que baten sus alas asqueadas de tanto aire.

 

hay un niño en esta grama que no mira a los lados, que mata bachacos idiotas. como un cachorro entre los brazos de una niña que desde ya lo maldice con su cariño. esta negrura de manejar cohetes. baja como un animal al abdomen y sube de nuevo. doblarme hasta que merezca cuanto me has dado, la única muerte que me has dado.

 

y el niño es mas grande cuanto menos se aferra.

 


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