yo busco un instante que está más acá del yo que recuerda.

 

* * *

una larga fila de autos usados, una tarde ensalivada, un hundirse en la carne. una película donde el final está dondequiera que cierre los ojos, o los abra. un único sueño. un árbol en el que cada rama conduce a otro árbol, un río en el que cada hondura conduce a otro río. mira el tiempo que corre, los autos que se atraviesan, cada día levantándote para decir que no es que esté mal pero falta algo. la película agujereada, ennegrecida por el cigarrillo, soledad si ese es el nombre. mira los años que llenan esta distancia, una máscara tras otra, tengo el alma llena de regiones que tiemblan.

 

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ser un huérfano. pasar la vida alcanzando eso, esa limpieza, sin saber si todo falta o está lleno, si todo va a terminar o a seguir si el tiempo será diferente y la película será diferente o el tiempo será igual y la película será igual.

 

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tócame sin miedo. deja que el agua corra. que el amor sea sencillo. quiero destruir sueños con realidades, quiero cambiar frases por manos, fotos por cielos, agua por sed, carne por hambre, sin deuda.

 

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esa pureza en algún lugar me aguarda sin saberme. algo sangra tanto, algo que dice dime, dime cómo me desnudo, cómo hago que se detenga, cómo te alcanzo, cómo te merezco.

 

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desprenderse del árbol, acercarse al fruto, (dejar que florezca en el olvido), perforar la cáscara que cubre esa realidad, de un camino a otro, soltarse sin titubeos en algún sitio. tratar de ser el bosque completo, ir del tirón de la duda al conocimiento a la nada. fumar como una puta enamorada de mi mismo. casi olvidarse, hacer algo en ese sentido, darle forma, dejar que el silencio se trace como una ofrenda, que llegue con la seguridad de una mujer que ordena los vasos, que se llene en el gesto de acariciar el cabello, que el silencio tire de la mueca como un papagayo, que de riendas y afloje para caer. una muerte barata. un único sueño. un árbol donde cada rama conduce a otro árbol, un muro donde cada ladrillo conduce a otro muro.

 

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jugar la pelota sola contra el muro. arrojar la pelota hacia un cielo que no va a sostenerla. el tonto, blando corazón. ver esa mueca que día a día las manos envejecen. verse uno mismo, escuchar desde donde nace el pensamiento, esa ola, sin saber si todo falta o está lleno, si todo va a terminar o a seguir, como si el tiempo fuera diferente y la película fuera diferente o el tiempo fuera igual y la película fuera igual, ese río que es todo menos muerte, mientras se sabe que mañana se está vivo. vivir como una tarde en el barco, como una larga fila de autos usados. saber que en algún lugar aguarda esa pureza de rodillas para suicidarse. soltarse sin titubeos, perforar la tela, abrir la raja para que nazca, dejar que la vida sea grandiosa, que sea una ventana que se sacuda.......

 

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tócame sin miedo. deja que la tibieza corra, que el amor sea sencillo, deja que mis espinas te hieran si te hieren, que mis abrazos te abracen si te alcanzan. algo está abierto y deja que llueva. tala tu árbol. bésame hasta perder su ceniza. tala tu árbol. que mi voz no duela ni se abra como ala en tanto lodo.

 

tu sabes que es un juego porque duele. mira el tiempo que corre, los autos que se atraviesan, la suerte de estar tristes, la película agujereada, ennegrecida por el cigarrillo, soledad si ese es el nombre. mira los años que llenan esta distancia, una máscara tras otra, cada día levantándote para decir que no es que esté mal pero falta algo. la conciencia hundida, enredada en el suelo. la piel hojarasca, la lengua lodo -con la voz en un sobre de otro-. mira el tiempo que corre, tu esencia ¿ha florecido?. tu sabes que es un juego porque duele. has estado en el patio apretando un alma muerta.

 

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deja que eso que sienta y de vueltas, que desbarate y extienda todo hasta darle otra vez vida sobre la mesa sin pedir nada. un clavo en el que se sangra, se ensaliva, desea, se cuelga con cosas para quedar de nuevo limpio en esa pared, en eso que brilla agrietado en esa verdad que no se resiste al ser deseada.

 

quién puede amar lo que no es propio, hasta donde puede jugar el ojo fuera del cuadro, hasta dónde se quiere, de dónde, a dónde me lleva una mujer una cama, a dónde, por qué veo a la gente que he querido largarse, qué lugar ocupan todas las cosas que se han marchitado y esta montaña, todas estas historias en declive. mira el tiempo que corre, los autos que se atraviesan, tu esencia en un cuerpo derivándose. yo he visto tanto. hay tantos cabellos en mis manos. tú y tu montaña, tu historia, con tus ojos perdidos en el cielo -mi cielo, tal vez, mi cielo sin encontrarnos-, sin que ningún ojo atraviese esta distancia. quién siente, quién viaja más allá de sus manos, quién.

 

te tomaré y echaré a un lado del camino para que puedas, te arrancaré la pesa que te lleva al fondo, te penetraré hasta saciarte. seré la mano que te saque y que perderás cuando la amarres a un nombre.

 


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