Y era no más que estarse de pie en medio del gentío que celebraba el día de muertos y caer en la cuenta de que yo no sabía celebrar nada., de que las celebraciones me intimidaban con tanta gente corriendo tratando de conseguir chocolate para tomar o pan de muertos para comer o gritándole al mariachi que cante esta o que cante la otra porque lo que están tocando no está en el cidí recopilatorio de música mexicana que su mamá tiene desde hace años en casa. La gente tenía las narices levantadas buscando hacia dónde escaparía el olor de fiesta, porque del sitio nos correrían a todos tarde o temprano, y yo soñaba que la cosa fuera ya mismo. La gente que se le acerca a uno en esta clase de lugares cree que uno también anda con los nervios puestos en descifrar de dónde se supone que sale la cerveza, cuando en lo que uno realmente está pensando es que sería realmente bueno que todo se callara de una vez. Yo quería estarme en casa quizá con el mismo cidí de mariachis arrabaleros -que no son mexicanos sino de Cali, y por eso tocan el acordeón muy bien, y su selección mexicana es puro tex-mex- y tomándome el mismo chocolate y hartándome del mismo pan de muertos sin tener que tragarme la historia de que realmente para este montón de venezolanos el hecho de que Carlos Contramaestre -el artista que bajó de Tovar y que le dio cuerda a El Techo de la Ballena- haya sido supuestamente necrofílico -por su Homenaje a la Necrofilia: una sala de exposiciones llena de animales muertos, a medio descomponer, en los años sesenta, si no me equivoco- es motivo suficiente para llenar la Galería de Arte Nacional de calaveras de papier maché y confeti y guirnaldas con huesitos y celebrar el día de muertos. Y la directora de la galería jurando que estábamos en pleno ritual y cinco chicos haciendo música incidental que no estaba mala después de todo y que tengo que confesar que me hizo recordar los tiempos en los que hasta yo hacía música y me arrugó un poco el corazón con un velo de nostalgia tremendo -¿o habrá sido mi vanidad?- pero que de ninguna manera es suficiente para jurar que se trataba de un supuesto evento performático -es tan fácil ser artista hoy día. Santísima Trinidad, ten misericordia de todos nosotros-.Nada, que me quería ir a casa y estarme acostado para llorar estos tiempos e inventar una nueva receta para los males del día que habría de durar una semana hasta que de nuevo la evidencia cotidiana hiciera que todos los bombillos se extinguieran y tuviera uno que extender la mano en la despensa del alma -en la memoria, en la biblioteca, en la voz de algún amigo (mira que son pocos)- para tratar de enroscar uno de nuevo (aunque a veces se está tan cansado de eso). Toma ya, que se hizo hora de irse. Me respiré el aire de la plaza como quien se toma un litro de jugo de mandarina después de subir al Ávila y me fui a casa con el alma inquieta, golpeada, aterida de miedo. El día siguiente era el día de todos los santos. Oh, I want to be in that number, when the saints go marching into the galería de arte nacional para darle dos bofetadas a los eventos performáticos y dar un espectáculo circense de padre y señor mío, con bengalas saliéndoles de las cabezas y las aureolas ya no digo yo hechas de tubos de neón -es lo que haría cualquiera- sino de verdad verdad. ¿No les hace gracia todo el asunto?

 


Inicio | Casa de la Poesía

Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados