Agua de Arroz

 

El verdadero problema es que no había leche.

El niño tenía más de cuatro años y había pasado esa edad donde el gobierno otorgaba como subsidio potes de leche en polvo. También les daba potes a los viejos mayores de 65 años y a los diabéticos; pero en casa no había ni uno ni lo otro. Total, el fiñe se quedó con las ganas. Su mamá no aceptó eso. Siempre decía que los niños que no toman leche no pueden desarrollarse sanamente como hombres; así que salió bajo ese palo de agua y dijo en la puerta: voy a conseguir unos tiquetes y mañana mi niño tomará su tetero. ¿Qué hizo?, yo no sé, pero el fiñe tenía su tetero en la boca al otro día. La cuñada supo eso y preguntó como consiguió los tiquetes, hablaron como susurrao y bueno, al otro día tenía leche en su casa.

Y así fueron hablando y hablando y en un par de semanas este era el pueblo donde había más tiquetes de leche.

Obviamente el gobierno no es bobo. Se dieron cuenta de la cantidad de potes que le tocaban a nuestro pueblo y se alarmaron. El general mandó a Hernández para que revisara que es lo que estaba pasando aquí. A la primera que agarraron fue a la Comadre. Se la llevaron. Cuando regresó al pueblo estaba como loca y bueno...

Pusieron un cuartico en mitad de la plaza y vinieron una cantidad de médicos de la capital. Eso era una pinchadera de brazos día y noche. A los dos días, ya nadie tenía leche. El niño lo que bebía era agua de arroz.

Dicen que a Jacinta, una señora del pueblo después del río, se la llevaron presa. Otros dicen que la mataron por la sabana.

Jacinta siempre tenía leche, ella era diabética y recibía los tiquetes de leche por su condición.

Quise ver si lo de Jacinta era verdad, así que fui al pueblo después del río. Vi la casa de Jacinta. Estaba vuelta nada. En el piso solo quedaba un anuncio: Ze bende meao.

Siento mucho lo de Jacinta, pero también me da cosa con el niño. A él no le gusta el agua de arroz.

 


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