Instante

 

Recién despierto
hace una hora que te fuiste,
conservo el olor de tu cuerpo entre sábanas.
Miro el techo sin tiempo definido, cuesta levantarse a un mundo en el que no existís.

El agua eriza dulcemente mi ya consumada piel.
Sabor de tu lengua enredándose…
Culpa.
Sos lo que ni siquiera puedo pensar.
Qué le diré a esta manera de traerte intacta,
haré sangrar mis labios en señal de castigo para continuar con el ardiente deseo.

Te dejaré marchar
aunque, prosiga acariciando el lado de la cama en el que vos no estas.

Audífonos y la novena sinfonía de Beethoven,
no escuchar
en medio de esa risa desquiciante, ensordecedora.
Diferente a lo que solo, existo.

Un tiempo en el que a duras penas podemos distinguir nuestra huella digital de la de otros.
Tantos cadáveres al pie de mi huerto, silencios…
estupefactos, comiéndose hacia adentro.
Ellos poseen la virtud lejana.

Como podrías vos mirarte en este rostro inerte,
transfiguración de la mano que se convierte en líneas.
Cada extremidad es un arma filosa.
- Estoy aquí para servirte, no para ser servido -.
Seré en cuerpo lo que me convirtás.
No son ni lágrimas, ni sonrisas lo que escondo…
tus propias muecas incapaces de reconocerse a si mismas.

Cómo me desdoble de esta incoherencia?
una mano contra la otra, ser suplicando en pánico:

Cierra los ojos
será tan sutil que apenas y olvidarás lo que fuiste en vida.
 

¿Acaso lo recordás?
 


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