>> Cuando en el amanecer de los dioses, el infierno se desboque sobre mis labios y los tormentos de la divinidad acaben con mi cuerpo.

Allí en el sendero, impregnándome de sabores y olores extraños estabas tú, mirándome de lejos como queriendo tragar todas las almas de mi alma.

Rodé sobre el suelo hirviente con movimientos de reptil, tratando de asirme a cualquier nube presurosa que andase por aquí, pero tu mirada incoherente borró de mi rostro las cicatrices de la guerra.

Y así, tomándome de los cabellos, me arrastraste transmutándome en la más sublime creación de lo imperceptible.

Entre flores y lágrimas, me crié de sueños, me bauticé de impurezas y me vestí de luna para darme un poco de suerte.

Aquella dama que guardó su destino, en el vientre de un hombre disfrazado de ayer <<.
 


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