Amanece tranquilo el cielo,
se amparan debajo de los árboles sombras de niños que no pudieron ocultarse.

El alma se alimenta con una mirada.

Concurro a caminar sobre el acero frío,
y hundiéndose lento desaparece la expresión mojada de la infamia.

Colores que tartamudean una madurez escondida.
Me gusta desnudarme al sonreír.

Viento suave acaricia mi rostro,
otra vez como en el poema de Jorge
la presencia se hace nítida en un solo respirar.

Ya no sirvo para escribir poemas bonitos,
no logro agrupar las palabras y los sonidos para que parezcan estar de cuerdo.

MALDICIÓN NO PUEDO ESCRIBIR!.

 


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